Yo recuerdo una tarde muy apacible en el Rodeo. Todo parecía estar muy tranquilo, incluso las voces de las dos madres que no encontraban a sus hijos. Luego se sentian por todo el barrio. Ellos estaban ahi, como lo habian hecho muchas veces, pero sin concescuencias aun. Tenian esa cosa del fuego;los atraia como las mujeres mucho tiempo despues. Ese día,la cosa se pueso brava. Escuchamos la sirena de los bomberos, y el quincho de la esquina abandonado crujía de una forma muy especial. Lo habian incendiado. No quedó tan siquiera un rastro. Despues todo salio bien y safaron, pero igual nunca dejaron de prender el sagrado fuego de El Rodeo. Tambien luego y como cosa tradicional, ayudaron los adultos.
Fueron épocas de piromaníacos que aun no sé si han desaparecido. Siempre se ve el humito de alguna fogata, que nunca se sabrá si terminará en otro quincho incendiado.
Silvia Bonanno Potro
martes, 7 de diciembre de 2010
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
1 comentario:
Muy bonito!
Publicar un comentario