viernes, 30 de enero de 2009



LITEROPIRIATURA

Nos llega desde La Plata barrio Bellas Artes, este texto de Juan Ignacio Sosa. Sujeto a jurado. Animensé que los vamos a ir mostrando.




El pirómano


Cuentan los más viejos del barrio que cerca de la avenida Montenegro vivía un pirómano. La piromanía es una patología y, como tal, puede ser detectada por ciertas conductas extrañas. Del viejo supieron inmediatamente que era pirómano por la forma que tenía de llevar la antorcha las noches de luna llena. Fuera de sí, en un estado de enajenación comparable con el de un taxista luego de sesenta y cuatro horas ininterrumpidas de trabajo, camina el viejo loco por la avenida agitando la antorcha con llamas de casi dos metros de largo, rojo furioso tanto como el de sus gestos de la cara cuando junta diarios y cartones y los acumula en la vidriera del primer supermercado chino que se le cruce. No se cree que sea xenófobo, pero con seguridad y argumentos válidos, odia a los orientales. El origen de este odio puede rastrearse allá por los años ochenta, cuando frecuentaba todos los mediodía un restaurante chino (o coreano, vaya a saber uno). La comida era exquisita y los precios módicos, y por ello no tardó dicho restaurante en llenarse de comensales. Paralela y aparentemente sin tener conexión alguna, en el barrio los perros vagabundos desaparecían como chupados por un agujero negro a medida que la fama del lugar crecía. Como siempre que el hombre mete mano en la naturaleza tiende a hacer cagadas, los perros vagabundos comenzaron a escasear. Y los chinos (o coreanos) del restaurante no tuvieron mejor idea que raptar a los ropes de las casas vecinas. Primero fueron los perros grandes, y al viejo de nuestra historia no le importó, porque él tenía un perro chico. Luego fueron los medianos, y al viejo tampoco le importó, hasta que sí le importó porque los perros que desaparecían eran los pequeños, y una noche de verano un grupo comando secuestró a su pequinés. Al mediodía siguiente sirvieron unas milanesas muy pequeñas acompañados de puré de batata. Demás está decir que el restaurante fue incendiado y junto a él los chinos (o coreanos o taiwaneses) que lo regenteaban.

La moda de dichos lugares acabó con los noventa, dando paso a la llegada de los supermercados (omitimos aquí el advenimiento de las tintorerías por considerarlas frívolas e ignífugas). En fin, los supermercados proliferaban estableciendo un vaivén cotidiano en la economía del país. Y justo vinieron a establecerse a quince metros de la casa de nuestro viejo justiciero. Nada hubiera sucedido si esa mañana Liu (tal el nombre) le hubiera cambiado el yogur que el viejo había comprado unos momentos antes. Con fecha de vencimiento en regla, el yogur contenía gran cantidad de gorgojos y ladillas, insectos que nacen por generación espontánea, producto de la rotura de la cadena de frío que debe tener el lácteo. El chino a los gritos le decía que no se lo iba a cambiar. El viejo, terco también, le decía que le iba a romper los dientes. La discusión llegó a su punto más álgido cuando el chino llamó a sus compatriotas que, de muy mal humor, se levantaron de sus camas ubicadas arriba de las cajas de galletitas Bagley, y el viejo, ofendido por la intimidación, decía a grito a pelado comunistas de mierda, ya van a ver. Esa misma noche, todavía cegado por la ira que lo había acompañado todo el día, compró en la estación de servicio veinticinco mangos de nafta súper y diez de gas-oil, y treinta y siete botellas tipo porrón de cerveza. Pacientemente armó las bombas molotov en su casa, mientras recordaba a su perro ya desaparecido y el yogur que nunca pudo comer. Escapa a las palabras pero no a su imaginación, lector, y figúrese que no sólo el supermercado ardió, sino que toda la manzana se incendió; el calor y el humo llegaron hasta San clemente, mientras el viejo veía desde la vereda de enfrente y riéndose a carcajada limpia, cómo se incendiaba todo, incluyendo su propia casa. Hasta ahí su historia; nada más sabemos excepto que deambula las noches de luna llena con su antorcha en la mano, en busca de restaurantes que secuestran y cocinan perros o supermercados que apagan las heladeras y son reticentes al momento de cambiar un yogur o una leche que fue cruelmente cortada.






LITEROPIRIATURA

Primer envío sujeto a jurado, por Pablo David Fernandez (nuestro primer seguidor)

Fuego

Hace unos años atrás, en una de esas noches de verano que en el pueblo no se puede hacer más que dedicarse a dormir o a sentarse a contemplar las estrellas brillantes que nos indican la existencia de algo más basto e incomprensible, hicimos una de las pocas cosas que sabíamos. Encendimos un fuego, arrimamos unos troncos, unas botellas y nos pusimos a discurrir en las típicas charlas sin sentido tan filosóficas que estábamos acostumbrados. Cuando de golpe cuando Pepito se levanto para poder orinar en unos metros más apartados, el tronco en el que estaba sentado rodó y fue a parar a la improvisada hoguera. Lo que sucedió a continuación nunca supe como fue, son esas cosas irreales que solo uno cree que pueden pasar en una película o en una de esas brillantes novelas escritas por algún gran best seller, pero ver las llamas de golpe como se revolotearon en millones de chispas parecidas a las millones de estrellas que nos cubrían, el sentir el calor del fuego, ver las llamas como rodeaban el tronco de golpe, intentando abarcarlo por completo en un abrazo casi hipnótico y de a poco comenzándolo a consumir, nos dejo a todos sumidos y absortos contemplando esa maravilla primigenia que es el fuego.

No podíamos más que mirar las llamas y así estuvimos, sin decir palabra por largo rato y vimos como las llamas con su abrazo lograban consumir de a poco a ese tronco. De golpe levante la vista de las llamas y no se me ocurrió decir nada más que “Genial”. Comenzamos a reír a carcajadas sin dejar de ver el tronco arder y cada vez reducirse más, entre las risas y las bromas comenzamos arrojando más ramas al fuego, no queríamos que disminuyera esa maravilla que nos unía y hermanaba como ninguna otra cosa, así que cada uno contribuía con lo que había a mano, es obvio que para esto ya varias de las botellas estaban vacías y nos llevaban a no querer alejarnos demasiado de la posición que teníamos, por eso puede ser que a continuación comenzamos a arrojar lo que teníamos cerca, que de ramas ya no tenían nada; pasto, piedras, tierra, otro de los troncos que servía de banco, las etiquetas arrancadas de las botellas, las tapitas, los corchos, otro “banco tronco” y otro y otro…. y esa hoguera pequeña que había comenzado como excusa para la charla y las botellas, empezó a crecer y conformarse en una gran hoguera de proporciones casi épicas. Así que ya embriagados, y no tanto por el alcohol ingerido, sino por eso tan hipnótico y primitivo que es el fuego, comenzamos a dejarla crecer con cuanto había en rededor, algunos nos colgamos de alguna que otra rama de un pobre árbol desprevenido. Buscamos troncos secos, alguna que otra “torta” seca de bosta, pasto seco y verde, una escoba que aún tenía algunos días más de barridos, y todo aquello cuanto iba quedando a nuestro alcance. Pepe arrojo un estampita que guardaba en la billetera, Fran siempre tan sensible, y dueño de la casa, quemo una cucha de perro vieja que la pobre perra de la familia ya no va a poder seguir utilizando, yo arroje cuanto papel acumulaba en la billetera.

Fue algo de verdad tan sencillo y sublime, sentir las llamas consumir todo y en medio nosotros reírnos y disfrutar el espectáculo, verlas tomar y alimentarse de cuanto tirábamos para seguir creciendo. Fue algo liberador, nunca lo hablé con el resto de mis “hermanos de fuego”, pero con esas llamas y troncos y papeles quemados, devorados, reducidos a más que polvo y cenizas también se fueron muchos problemas que tenía, me sentía aliviado, feliz, alegre, vivo, con energías, después de ese día siempre estoy preparado, listo para oír el llamado de las llamas y dejarme llevar por su baile sensual.

miércoles, 28 de enero de 2009

LITEROPIRIATURA

Se abre el nuevo concurso al mejor relato fueguístico.

Bases:
*hasta 1000 palabras
*letra Arial/Verdana/Tahoma a simple, doble o quintuple espacio espacio
*Presentación hasta el 1 de Marzo de 2009
*los premios no se decretarán vacíos

Premios:
*1er Premio: 10 litros de Kerosene marca Spécial en lata y 15 metros de mecha lenta.
*2do Premio: 5 litros de alcohol metílico y 10 metros de mecha lenta.
*Menciones especiales: 1 encendedor metálico con el logo de TQLC®.

Nota: en lo posible acompañar fotografía.
Nota2: remitir relato a: rodrojg@yahoo.com.ar o a felixvillanueva@gmail.com de 14 a 19.35 hs
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viernes, 23 de enero de 2009

Punta del Diablo 2009


El amigo Rodro en la noche en que las llamas a punto estuvieron de incendiar la cabaña. Esa noche se quemaron no menos de 100 kilos de leña

miércoles, 14 de enero de 2009

La Vieja estación de Villa Esperanza, Huesca

SECCION CORREO DE LECTORES
Esta es una carta que nos envía José, desde España

Hola amigos de tequemamoslacasa, les cuento que estoy conmovido con esta nueva moda de quemar cosas. Me siento mejor sabiendo que en otras partes hay gente como yo, que hace de esto un estilo de vida y que no esta loco. Gracias!
Esta es la vieja estación de trenes de mi pueblo en Huesca. Sucede que el maquinista mucho tiempo luego que cerraron el paso de trenes, se quedo a vivir. El tipo era muy sucio, vivia borracho. Bueno el hombre ha fallecido el mes pasado de un paro cardiaco, asi que con los colegas del barrio organizamos esta quemada. Se ve bien no? Les cuento que hubo quejas y estan buscando a los responsables, el alcalde dijo que iban a usar el predio para hacer un multideportivo municipal, y eso es mentira, porque no hubo en Huesca cabrón mas hijoputa y corrupto como ese Alcalde, y sabemos que no iba a hacer nada. Asi que le hicimos un favor a la comunitát y limpiamos el galpón de cuajo. Espero que les guste la foto, esta tomada de lejos pues el calor era bastante. Un Abrazo grande a todos los "fueguistas" de Argentina, me han contado que es una bella tierra, quiza un día podamos hacer una reunion todos los fueguistas!!
José Bartolo Albinagarás

sábado, 10 de enero de 2009

Empezá a pagar, porque no habrá tiempo para apagar...