martes, 9 de junio de 2009

Festejo desmedido

HABIAN HECHO UN OVILLO MONSTRUOSO DE CINTA AISLADORA NEGRA. Lo tenían en la esquina, y un extremo se prolongaba por el piso hasta la vereda de Gustavito en forma de mecha. Las viejas del barrio habían cuchicheado desde el 20 de diciembre que era una mala idea, y le preguntaron a los chicos si no les parecía demasiado. El Pini con no más de 9 años, se la pasó ese mes desde que terminó las clases mangueando plata en las casas para comprar cohetes. Juntó como trescientos pesos, y más o menos doscientos cincuenta fueron a parar en doblemechas encintados en capas. Con lo que le quedó le compró diez cañas voladoras de las grandes, las más caras, a su hermana que le encantaban.
La gente se comenzó a juntar en la esquina, ya serían las doce y media del primero de Enero. Los recuerdo con las copas en la mano y los pibes más chicos corriendo con estrellitas prendidas. Era un gran tumulto, estaban los de las cuatro cuadras ahí, que horror. Recuerdo que llegué tarde a ver el espectáculo, me había llamado Juani desde Piriápolis, hablamos como media hora. Le dije que sí, que este año los pibes de la esquina habían hecho un muñeco peculiar de cuatro metros, hasta a él le pareció mucho. Escuché la primera bomba, un par de metralletas y salí a la calle. Después fueron gritos desesperados, pelos encendidos y desde media cuadra olor a goma quemada.
Luego, era ya de día en una camilla de Bomberos. Me dijeron que se había salvado el perro de Gustavo, pero que no sabían cómo.